El sufrimiento forma parte de la vida del cristiano.

Sufrimiento en la vida del Apóstol Pablo.

Cualquier estudio de la vida del apóstol Pablo exige una mirada seria al tema del sufrimiento.
Pero lo cierto es que el sufrimiento no es bien visto en el cristianismo occidental de nuestro tiempo. Muchos predican que el propósito de Dios para el creyente es que viva libre de sufrimientos y enfermedades, disfrutando de una vida próspera en todos los sentidos, especialmente en lo relacionado con lo material. Estas mismas personas afirman que el sufrimiento viene del diablo, y puesto que Dios le ha vencido en la cruz, cualquier creyente que ponga su fe en él se verá inmediatamente libre de sus garras y disfrutando plenamente de la bendición de Dios.
Todo esto suena muy bien, pero el problema es que no es cierto, ni tampoco bíblico.
En realidad, si somos honestos, tendremos que admitir que esto es una adaptación del cristianismo a lo que actualmente está ocurriendo en nuestra sociedad. Todos nosotros somos testigos de cómo se exalta la comodidad y el placer en nuestra cultura moderna, hasta el punto en que se ha convertido en una meta esencial de la vida. La gente vive pendiente de sí misma, de su bienestar, y no tolera nada que estorbe lo que considera su derecho legítimo a disfrutar de la vida. Y por supuesto, la idea del sacrificio personal difícilmente encuentra cabida en nuestras mentes. Pero lo más triste de todo esto es que se ha introducido en el cristianismo bajo la forma de un nuevo evangelio que es conocido como el de “la prosperidad”.
Pero como ya hemos dicho, esta nueva enseñanza carece de fundamente bíblico. La vida del apóstol Pablo es un claro ejemplo de ello. Pocos hombres han sido tan fieles a Dios como él, y pocos han tenido una vida tan llena de sufrimientos y dificultades. Y hay que decir, que esta será la norma para todo aquel que quiera servir fielmente al Señor.
(2 Ti 3:12) “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”
Pablo descubrió esto en el mismo momento en que tuvo su primer encuentro con Cristo:
(Hch 9:16) “Yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.”
Sufrir por Cristo es una parte normal del cristianismo. Esto debería ser conocido por cualquier persona que se convierte y también por aquellos que desean servir al Señor. De hecho, la norma bíblica es que a mayor fidelidad y servicio, mayor sufrimiento y oposición.
Por todo esto, debemos entender que la persecución y las penalidades no son necesariamente indicadores de estar viviendo fuera de la voluntad de Dios. Cuando consideramos la vida del apóstol Pablo, nos damos cuenta de que apenas conoció periodos de paz en los que estuviera libre de presiones y sufrimientos terribles. Y todos ellos le vinieron por cumplir con fidelidad el ministerio que había recibido del Señor. Veamos la lista que él hace de lo que era la normalidad de su vida:
(2 Co 1:8) “Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida.”
(2 Co 4:8-11) “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.”
(2 Co 6:3-5) “No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos…”
(2 Co 11:23-29) “¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?”
Estos relatos del propio Pablo nos confirman la magnitud y diversidad de las penalidades que experimentó en el transcurso de su ministerio apostólico.
Es muy probable que si los seminarios y los institutos bíblicos utilizaran estos versículos en sus programas de reclutamiento de candidatos al ministerio, las inscripciones descenderían rápidamente.

Sufrimiento desde el comienzo

En el mismo momento en que Pablo se convirtió, inmediatamente fue rechazado por el judaísmo al que hasta ese momento había servido con todas sus fuerzas y en el que ocupaba un lugar prominente. Cuando escribe a los Filipenses les dice lo siguiente:
(Fil 3:4-8) “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.”
En este pasaje no sólo explica que estaba dispuesto a perder todo aquello que era valioso en su vida por ganar a Cristo, sino que de hecho, “lo había perdido todo”. Esto quiere decir que además del rechazo que sufrió por parte del judaísmo, probablemente también fue despreciado por sus amigos y familiares. Él experimentó lo que significa ser incomprendido, maltratado, abandonado, olvidado, tratado injustamente, calumniado…

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El Misterio Evangélico Internacional Tu Milagro es hoy, fue creado de parte de Dios, para el angustiado, afligido, desesperado; como un oasis en el DESIERTO.

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